Valeria Vegas: “Manolita Chen quiso publicar hace 30 años unas memorias. Ahora es su momento”

 

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Por Eduardo Nabal

 

Conocimos a Valeria Vegas por su valioso libro Vestidas de azul, de editorial Dos Bigotes. Un interesante ejemplo de libro de entrevistas y, sobre todo, de investigación y narración de vidas transexuales que participaron en el documental Vestida de azul, en los albores de la Transición. Con su nuevo documental sobre la vida de Manolita Chen, histórica empresaria trans de Arcos de la Frontera, en Cádiz, cambia de estilo y formato narrativo, pero abunda en el mismo tema. La ensayista y realizadora nos habla de su último trabajo cinematográfico: La Chen de Arcos.

 

EDUARDO NABAL.- La recuperación de la memoria histórica ‘trans’. ¿Por qué? ¿Hay alguna razón especial para elegir a Manolita Chen como exponente de un fenómeno que no fue particular?

VALERIA VARGAS.- Lo cierto es que el documental de Manolita comienza a fraguarse en 2014; antes de que escribiese Vestidas…. En 2016 se estrenó (en el festival LesGaiCineMad, donde ganó Mejor Documental) y ahora está disponible para el público de manera más mayoritaria. Lo que une al libro con este documental es su trasfondo de memoria histórica, que efectivamente ambos lo tienen. Manolita, por cuestión de edad, abarca más camino y, por ende, más sufrimiento, y es como si encajase más profundamente en ese ejercicio de memoria tantas veces olvidada. Cuando me planteé contar su historia yo sólo conocía la trascendencia mediática que tuvo en cierto momento a raíz de la adopción de niños. Pero intuía que, detrás de todo eso, había mucho más y merecía ser contado. Y así, toda esa infancia, esa huida de su pueblo, ese maltrato por parte de las autoridades, y esa falta de rencor que la hace tan especial. Me consta que ella hace 30 años quiso publicar unas memorias que nunca llegaron, pero es ahora su momento, aunque sea en otro formato. Y sinceramente creo que es mejor a través de un documental, que plasmado en papel, porque ella tiene tanta verdad, en su risa y en su llanto, que llega muy profundo a través del audiovisual. Digamos que además está todo ese archivo, que lo enriquece visualmente. Es la historia de una superación, no exenta de sufrimiento. Una mujer que se hizo empresaria en unos años que era casi imposible, y que se volcó en la integración social. Creo que es un trabajo que una vez más demuestra que las personas trans son plurales y diversas.

E.N.- Te manejas bien tras las cámaras y dominas los lenguajes del documental, evitando que el espectador se aburra, e intercalando fotos, momentos clave y distintos personajes y puntos de vista, sorteando lo meramente discursivo ¿Todo estaba planificado, o muchas cosas surgieron sobre la marcha?

V.V.- Había mucho de planificación, porque un documental te lo exige. En el sentido de preproducción. Cosas tan simples como saber en qué estado se encontraba actualmente la Venta que ella regentó en los 80, para grabar allí, o ir recopilando noticias, como esas que salen fugazmente de periódicos extranjeros que reflejan ese carácter de fenómeno en los medios y que ella vivió con absoluta naturalidad. Pero también es cierto que un documental no está cerrado al cien por cien como una película y siempre hay cabida para la sorpresa. El ejemplo está en ese momento en que recordando se pone a llorar. Manolita estaba habituada a la tele, y se quedó preocupada de sí ese arranque angustioso había quedado mal o si teníamos que repetir “por culpa de haber llorado”. Obviamente le expliqué que para nada, que ahí radica la magia del formato documental: cuando hay lugar a la improvisación dentro de todo lo que ya está preparado (en cuanto a planos, archivo…), se transmite la verdad del personaje.

E.N.- Un trabajo ideal para el Octubre Trans. Crees en el movimiento trans como algo reivindicativo o incluso revolucionario, o solo – que no es poco- en una conquista de derechos y libertades negados durante mucho tiempo?

V.V.- Sin duda existe una lucha trans, que ha existido siempre, en mayor o menor medida, pero sin el apoyo entonces de los medios. Es una reivindicación, no sólo de los derechos que muchas veces fueron negados, sino de la imposición del respeto, de poner fin a esa categoría de ciudadanas de segunda que muchas veces se ha dado a las mujeres trans. Y una vez más digo mujeres, porque los hombres trans, que también sufren y arrastran problemas personales, lo han tenido un poco más fácil socialmente, lejos de la mofa, el escarnio y la exclusión laboral. Sólo espero que no retrocedamos.

 

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Es la historia de una superación, no exenta de sufrimiento. Una mujer que se hizo empresaria en unos años que era casi imposible, y que se volcó en la integración social.

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