‘Un pájaro quemado vivo’ o la memoria histórica de Agustín Gómez Arcos

Por Eduardo Nabal

Agustín Gómez Arcos, exiliado republicano en Francia, es uno de los mejores escritores de nuestra memoria histórica. Regresó a España en los años sesenta, donde vio coartada su libertad creativa, al tiempo que fue reconocido en varios países y traducido en diversas lenguas. No así en su lugar de nacimiento. 

En Un pájaro quemado vivo, escrita ya en los años ochenta y finalista del premio Concourt, como en la transgresora y homoerótica El cordero carnívoro (una de las grandes novelas del siglo pasado), retrata con feroz ironía y demoledor humor negro la España de los vencedores a través de figuras atrapadas en una suerte de carnaval literario, opresivo y barroco, donde no faltan elementos buñuelescos como la beatería, la represión sexual, el odio en el seno de las familias pudientes y la des-estructuración de microcosmos marcados por las señales de la guerra y sus secuelas. Incluyendo alegatos feministas y progays. 

Gómez Arcos explora en sus obras la España profunda, esa España poblada de caciques, explotados, de miedo y religiosidad turbulenta. En Un pájaro quemado vivo, la protagonista es una huérfana de ideas fascistas que maltrata a una antigua prostituta republicana a su servicio, al tiempo que trata de escalar en el entramado social lleno de hipocresía en el que se mueve y mantiene viva, de forma enfermiza, la memoria de sus antepasados, dando la espalda a la llegada de nuevas aperturas y libertades. 

Doña Paula teme la caída del Antiguo Régimen (Arcos describe la muerte de Franco con puntillosa crueldad en la mente enfermiza de su protagonista femenina), se escandaliza por las huelgas y se muestra incapaz de amar a su prometido sin anteponer el  interés económico. Con pocos personajes y un hábil uso de metáforas y monólogos interiores, el autor atrapa al lector en el devenir de una mujer atada al viejo orden y refugiada en su mansión de Las Tres Palmeras, convertida en una suerte de altar y campo de batalla emocional. 

Gómez Arcos se toma su tiempo para hacer descripciones psicológicas agudas, que acaban conformando un fresco social demoledor marcado por los celos, el rencor, la doble moral,  la sombra del franquismo y un tipo de personajes lleno de complejos sexuales y servidumbres humanas. 

El pasado arrolla en presente y marca el futuro y, como en María República o La enmilagrada, la religión católica es presentada como una farsa en la que se refugia el conservadurismo para expiar su inmovilismo social y justificar su tiranía sobre sus semejantes. 

Un pájaro quemado vivo es una novela ejemplar con un ambiente subyugante, descripciones minuciosas y, como casi todas las de Gómez Arcos, a la vez trágica y lúdica, por su sana forma de satirizar una España vertebrada por el pensamiento fascista y el miedo a la libertad. 

Nuevamente sofocantes microcosmos, personajes de muy distintos estratos sociales y una violenta requisitoria contra el totalitarismo instalado todavía en nuestras instituciones desde tiempos lejanos. La odisea de esta mujer, entre la locura y la ambición, nos muestra los rescoldos del franquismo que permanecen en la sociedad a pesar de la llegada de la democracia, a la que ella da la espalda con sus negocios, su altanería y tratos con el clero. Episodios como el intento de golpe de Estado del  23 F se convierten en ella en una loca esperanza de instauración del antiguo régimen, mientras antiguos políticos se reciclan para el nuevo, como su joven prometido, hijo de un notario. 

Agustín Gómez Arcos, exiliado republicano en Francia, es uno de los mejores escritores de nuestra memoria histórica. Regresó a España en los años sesenta, donde vio coartada su libertad creativa, al tiempo que fue reconocido en varios países y traducido en diversas lenguas. No así en su lugar de nacimiento. 

En Un pájaro quemado vivo, escrita ya en los años ochenta y finalista del premio Concourt, como en la transgresora y homoerótica El cordero carnívoro (una de las grandes novelas del siglo pasado), retrata con feroz ironía y demoledor humor negro la España de los vencedores a través de figuras atrapadas en una suerte de carnaval literario, opresivo y barroco, donde no faltan elementos buñuelescos como la beatería, la represión sexual, el odio en el seno de las familias pudientes y la des-estructuración de microcosmos marcados por las señales de la guerra y sus secuelas. Incluyendo alegatos feministas y progays. 

Gómez Arcos explora en sus obras la España profunda, esa España poblada de caciques, explotados, de miedo y religiosidad turbulenta. En Un pájaro quemado vivo, la protagonista es una huérfana de ideas fascistas que maltrata a una antigua prostituta republicana a su servicio, al tiempo que trata de escalar en el entramado social lleno de hipocresía en el que se mueve y mantiene viva, de forma enfermiza, la memoria de sus antepasados, dando la espalda a la llegada de nuevas aperturas y libertades. 

Doña Paula teme la caída del Antiguo Régimen (Arcos describe la muerte de Franco con puntillosa crueldad en la mente enfermiza de su protagonista femenina), se escandaliza por las huelgas y se muestra incapaz de amar a su prometido sin anteponer el  interés económico. Con pocos personajes y un hábil uso de metáforas y monólogos interiores, el autor atrapa al lector en el devenir de una mujer atada al viejo orden y refugiada en su mansión de Las Tres Palmeras, convertida en una suerte de altar y campo de batalla emocional. 

Gómez Arcos se toma su tiempo para hacer descripciones psicológicas agudas, que acaban conformando un fresco social demoledor marcado por los celos, el rencor, la doble moral,  la sombra del franquismo y un tipo de personajes lleno de complejos sexuales y servidumbres humanas. 

El pasado arrolla en presente y marca el futuro y, como en María República o La enmilagrada, la religión católica es presentada como una farsa en la que se refugia el conservadurismo para expiar su inmovilismo social y justificar su tiranía sobre sus semejantes. 

Un pájaro quemado vivo es una novela ejemplar con un ambiente subyugante, descripciones minuciosas y, como casi todas las de Gómez Arcos, a la vez trágica y lúdica, por su sana forma de satirizar una España vertebrada por el pensamiento fascista y el miedo a la libertad. 

Nuevamente sofocantes microcosmos, personajes de muy distintos estratos sociales y una violenta requisitoria contra el totalitarismo instalado todavía en nuestras instituciones desde tiempos lejanos. La odisea de esta mujer, entre la locura y la ambición, nos muestra los rescoldos del franquismo que permanecen en la sociedad a pesar de la llegada de la democracia, a la que ella da la espalda con sus negocios, su altanería y tratos con el clero. Episodios como el intento de golpe de Estado del  23 F se convierten en ella en una loca esperanza de instauración del antiguo régimen, mientras antiguos políticos se reciclan para el nuevo, como su joven prometido, hijo de un notario. 

Otro libro escrito con furia y primor, obra mayor de  uno de los nombres peor conocidos de la literatura universal, reeditado recientemente por la editorial Cabaret Voltaire. 

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