‘El Príncipe’: pasión y violencia carcelarias en el Chile de los setenta

Por Eduardo Nabal

El príncipe es el debut en el largometraje del reputado director artístico Sebastián Muñoz, que lleva a cabo, por fin, la varias veces acariciada adaptación de una novela de Mario Cruz, ambientada en la comuna de San Bernardo de Santiago de Chile a principios de los años setenta y que cuenta con un elaborado guión del dramaturgo Luis Barrales. 

El filme es a la vez una historia de amor y dolor, ambientada principalmente en el interior de una prisión, espacio que el realizador desmenuza con suma atención a todos los rincones de la institución total, al tiempo que se sumerge en los recuerdos de Jaime, el protagonista, apodado entre rejas como ‘El príncipe’. 

Sexualmente explícito, el filme narra sin tapujos las relaciones homosociales en el interior de la cárcel y se centra en el amor y la amistad entre el joven Jaime y un hombre maduro llamado ‘El Potro’, quien ejerce el liderazgo en el interior de su celda. 

El príncipe denuncia los malos tratos por parte de los funcionarios de prisiones, la crueldad y las jerarquías entre las paredes de la institución y también la tensión subyacente entre algunos de los reclusos que acaban cobrando mayor relevancia en el relato. 

Narrada con dureza pero con una sutil atención a los momentos de dolor y ternura, ironía y pasión, el filme -a través de la memoria de Jaime y en cuidadas transiciones hacia el pasado- nos acerca a las motivaciones íntimas del asesinato que lo han convertido en un preso más, en un joven con un futuro marcado de por vida. Un crimen pasional de un muchacho que, al tiempo que descubre su homosexualidad, se enamora ciegamente de su mejor amigo, al que desgarra el cuello en un súbito ataque de celos, mientras éste baila despreocupadamente con otro hombre. 

La película de Sebastián Muñoz se introduce, aunque de forma algo incompleta, en ese extraño romance entre el joven ‘príncipe’ (que aparece, casi siempre, vestido de azul) y su mentor, ‘El Potro’, al que pierde en extrañas circunstancias tras una violenta pelea con otro recluso en el interior de la ominosa prisión.

 El joven protagonista masculino, obsesionado por su imagen y su proyección hacia el exterior, se mira varias veces en diversos espejos que le devuelven casi siempre una imagen incompleta de un ser que evoluciona en una sociedad dividida entre el hastío, la pobreza y la esperanza de un inminente cambio social con la llegada al poder de Salvador Allende. 

Rodada con aplomo y una extraña mezcla de ternura y desconfianza hacia sus personajes, la película de Muñoz retrata uno de los sectores y microcosmos  mas desfavorecidos del Chile del momento, sin caer en el exceso o el histrionismo. Un debut contundente que nos descubre a un narrador a la vez hábil, incisivo y sensible capaz de lidiar con materiales ásperos sin perder de vista la psicología de sus personajes y sus movimientos en el tiempo y el espacio.

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