Marina Torti y el desamor en los tiempos del cólera

Versos: Marina Torti

Fotografía: Oliva Jesús

Vísceras

Tu mirada vehemente
me convierte en obsoleta,
me perturba,
nublando cualquier ecuación
relevante al Universo existente.

Mientras me miras
sé que he olvidado algo,
pero no logro recordarlo.
Me abro en canal
buscando entre mis entrañas,
revolviendo entre el intestino delgado
encontrando todo lo innecesario.

Tu mirada vehemente
me convierte en obsoleta,
me desconcierta.
No me anima a ser mejor persona
simplemente me arrincona.

Mientras me miras
mi cerebro tartamudea
se me olvida algo, no logro recordarlo.
Mis manos llenas de vísceras
no me lo explican.
Decido cerrarme,
más tarde seguiré buscando.

Tu mirada vehemente,
me convierte en obsoleta,
me entristece.
Solo escucho murmullos
– Has tenido tanta suerte al conocerla –

Mientras me miras
no consigo poner orden
se me olvida algo, no logro recordarlo.
Me arranco el corazón para observarlo,
a lo mejor él lo sabe, a lo mejor me habla.
El pobre está un poco pálido, se excusa,
– No sé qué buscas cuando todo lo has dado –

Energía

Es la primera vez que necesito
creer que somos energía.
Las palabras de Punset
son recurrentes en mi cabeza
Somos átomos en un 90 por ciento.
Y los átomos son eternos. –

Ese es mi nuevo mantra.
Lo repito una y otra vez
como esa niña asustada, aislada.
Esa pequeña arquitecta que ansiaba
diseñar muros mentales, muros altos
con fuertes vigas transversales.
Así no podría entrar nadie.

Porque si no somos energía
significa que has desaparecido,
significa que nunca más estarás conmigo.
Y ese pensamiento se desploma,
destrozando todos los muros creados
dejándome envuelta en dolor y pena. 

Un clásico

Sentada delante de mi Word
vomitando en verso.
Como banda sonora
una canción en bucle,
una de esas que te gustarían.

Si estuvieras hablaríamos de ella,
me dirías – claro chiqui es un clásico -.
Si estuvieras estaríamos compartiendo
un cigarro y una cerveza en la playa.
Tú con una camiseta y yo desnuda
sin importar nada, había suma confianza.

Confianza para llorar y después reírnos
de nuestras propias mierdas mentales.
El humor negro nos encantaba,
esa pequeña auto maldad nos hacía gracia.
Ahora solo queda mi bilis tras tu recuerdo,
ahora nado desnuda sabiendo
que tú no me esperas en la arena.

Lápiz

Veo un lápiz sobre mi ojo
apuntando sin piedad al iris.

Tiemblo,
no quiero perderme
en ese lápiz sangriento
marcándome poco a poco,
como si fuera un silencio sereno
pero de los que dan miedo.

Él me presiona,
escuece, duele.
Noto como poco a poco
se va deslizando.

Todo muy lento
como si estuviera ralentizado
mis manos me dejan,
se alejan.

Después veo como
todo mi ser se desplaza
para convertirse en verso
doliente, perverso.

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