Vananda Shiva y la herejía ecofeminista

Vananda Shiva

Por Eduardo Nabal

A pesar de las acusaciones de esencialismo, hoy en día el llamado ‘ecofeminismo’ se está reinventando, sin olvidar sus verdaderas raíces: la explotación capitalista y colonizadora de las grandes multinacionales sobre los países del Tercer Mundo y la invisibilización del trabajo agrario y de cuidados tejido por las mujeres desde tiempo inmemorial en muchas regiones, uego despreciadas por el modelo avariento de los países ricos del planeta. Un planeta en el que, como comenta la autora hindú Vandana Shiva, una de las pensadoras y activistas más destacadas del movimiento, se ha separado lo humano y lo natural, con el único fin del enriquecimiento del hombre blanco occidental a costa de las poblaciones indígenas, con el consiguiente deterioro del medio ambiente y la sostenibilidad ecológica. 

En su obra más importante Abrazar la vida, la autora nos habla de la necesidad de repensar lo femenino no como algo pasivo, sino como algo activo y creador de formas de vida y subsistencia, sobre todo en lugares y comunidades abastecidas por la agricultura y amenazadas por intereses macroeconómicos. Para ello, es necesario repensar el paradigma científico dominante, donde los saberes y el llamado ‘progreso’ están siempre puestos al servicio de la productividad, olvidando la sostenibilidad, el ‘autoconsumo’ o el ‘consumo comunitario’ y las diferentes formas de convivencia con la naturaleza y sus recursos, privatizando los bienes comunales y atentando contra todo tipo de gestión de los recursos cuyo único fin no sean los beneficios de las macrocorporaciones, como Coca-Cola, los productos sintéticos, etc. , desarrollando un tipo de ciencia y prácticas mecanicistas que a través del uso de pesticidas, DDT y otras nuevas sustancias químicas peligrosas, buscan el lucro sin mirar por sus consecuencias a largo plazo en el común de los habitantes de una Tierra cada vez más deteriorada por el calentamiento global. 

En los años setenta Shiva se unió al movimiento Chipko, caracterizado por la acción directa y la paralización de la destrucción de bosques y parajes imprescindibles para la supervivencia en muchos lugares del planeta. Shiva ha sido capaz de movilizar en la India a millones de campesinxs, muchos de ellxs mujeres, contra la Unión General de Tarifas de Comercio (GATT) y ponerse al frente de la gran manifestación en contra de la globalización en Seattle a finales de 1999. 

La resistencia pasiva, la descolonización de las mentes, en general, y del cuerpo de las mujeres, en particular, la visibilización del expolio de las macroempresas del llamado Primer Mundo sobre países empobrecidos o con diferentes formas de subsistencia y la creación de alternativas para conservar la naturaleza sin dejar de cultivarla y hacerla parte de nuestra supervivencia y la del medio ambiente, son algunos de los postulados más interesantes de esta feminista hindú que arremete siempre contra los desmanes ecológicos de lo que ella llama ‘el  patriarcado capitalista’. 

Tal vez el ecofeminismo necesite muchas revisiones, al unir de forma unívoca a la mujer y la Tierra como creadoras de vida, pero, hoy más que nunca, es indiscutible atender a sus demandas en un mundo maltrecho por la codicia de los intereses monetarios que operan por encima de la subsistencia de las especies vegetales y animales y de la salud de las propias personas, especialmente de las mujeres, sometidas, en la India y otros lugares del mundo, desde tiempo inmemorial, a toda suerte de prácticas abusivas -incluida la esterilización y hasta la violación- sobre su cuerpo para transformarlas en cuerpos productivos. 

Por estos lares, autoras como Alicia Puleo, se han sumado a esta lucha contra el androcentrismo y el antropocentrismo, que incluye el trabajo doméstico no remunerado y la falta de reconocimiento de los cuidados y el apoyo mutuo. Reivindicada por Silvia López, en su colección Las imprescindibles, el pensamiento de Shiva no tiene sentido sin la potencia y la puesta en marcha de las acciones de protesta y reinvención de la economía desde lo femenino, entendido por ella como un punto de partida. 

En nombre del feminismo hindú

El feminismo hindú, del que Vananda Shiva es uno de los más legendarios exponentes, no para de crecer y reinventarse y autoras como Nievedita Menon en su libro Ver como feminista critican la familia tradicional como institución al servicio del poder establecido, cuestionan la censura sobre la pornografía y las diferentes formas de vivir la sexualidad de las mujeres y hablan sin tapujos de temas como la criminalización y el estigma sobre las mujeres violadas, o la mediatización y el control de los cuerpos y los deseos, o anuncian la eclosión del sujeto ‘mujer’,  temas que hoy tienen ya un alcance universal. 

Menton también crítica la visión unívoca del Islam como una forma de atraso cultural desde perspectivas culturales y legales eurocéntricas, olvidando las particularidades locales y los innumerables matices que podemos aportar. La autora desgrana la larga lucha contra una legislación represiva sobre los cuerpos y las vidas de mujeres y personas con sexualidades diferentes a la heterosexualidad obligatoria, así como el lastre de los ya arraigados prejuicios sociales y culturales. Todas estas autoras parecen preferir el término ‘región’ sobre el término tradicional y políticamente conservador de ‘nación’, apelando a una apertura progresiva y urgente desde la sostenibilidad y la diversidad.

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