‘El Portero’, Reinaldo Arenas en el exilio

Por Eduardo Nabal

El portero es la gran novela que escribió Reinaldo Arenas ya en el exilio, antes de su famosa y controvertida autobiografía Antes que anochezca (llevada al cine por Julian Schnabel y con Javier Bardem como protagonista), y, aunque los personajes y los escenarios son nuevos en su obra, continúa su indagación en una prosa imaginativa, barroca, iconoclasta que, en esta ocasión, se acerca literalmente a la fábula en toda regla. 

Juan, un cubano exiliado en balsa hasta el corazón de Nueva York, ejerce de portero en un Gran Hotel por el que desfilan toda suerte de personajes excéntricos y cercanos al esperpento que, en su conjunto, vienen a ser una sátira de la clase acomodada en EEUU. Personajes neuróticos, alegres, desdichados, desesperados, insatisfechos, casi todos custodian uno o varios animales como mascotas, fetiches de compañía que cobraran su propio protagonismo y hasta su propia voz y discurso al final de la hipnótica narración. 

Juan no ha abandonado el recuerdo de las imágenes de El Caribe, pero sueña con ‘la libertad’ y trata de ayudar a los pintorescos huéspedes de ese lujoso  hotel abriendo a sus moradores no solo la puerta del edificio, sino tratándolos de ayudar a penetrar más allá de las puertas cerradas en sus propias existencias vitales. 

Mordaz y fulgurante, a la vez melancólico y tragicómico, El portero es el retrato de un hombre que sirve de confesor para una serie de atribuladas criaturas donde se difuminan las fronteras entre lo humano y lo animal, la cordura y la locura, el lujo y la pobreza, las normas establecidas y la extravagancia como pauta. 

La narración, donde reconocemos el estilo poético y soñador del autor de Celestino antes del alba– para muchos su primera gran novela y el germen de su verdadero estilo-, nos lleva al corazón de la gran urbe metropolitana, observada por los ojos de un cubano, herido por las persecuciones, la pobreza y el ostracismo y que, ahora, debe soportar las fantasías y peculiares vidas de esos hombres y mujeres a los que abre la puerta, de modo servicial, en un sentido real y simbólico. 

De nuevo barroco, irreverente y fabulador, Arenas concede finalmente la palabra a sus mascotas que, con su diferente visión del planeta y la raza humana, siembran el desconcierto total y acaban conduciendo a Juan, el desconcertado portero, a un sanatorio psiquiátrico de la mano de ‘las fuerzas del orden’. 

Una novela mordaz y amena, llena de monólogos delirantes y una minuciosa descripción de los sentimientos de un hombre que custodia un edificio que viene a ser un microcosmos a la vez hiperrealista, absurdo, fantástico e infernal de la supervivencia en el exilio. 

Arenas, de origen campesino, que alcanzó su cumbre expresiva en obras como Celestino antes del alba o su monólogo intenso, poético y liberador Arturo, la estrella más brillante, perseguido debido a su homosexualidad por el régimen cubano, traza ahora una honda disección en los males, los sueños y las pesadillas de ese mundo capitalista donde pasaría la última etapa de su azarosa vida. En El portero se desmarca de sus primeras inmersiones en su periplo vital en la Isla en la que creció y su oposición al régimen establecido, pero no pierde ese estilo a la vez fugaz, rico, incisivo y delirante que ha caracterizado el conjunto de su amplia y desmitificadora trayectoria literaria.

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