‘Lo que te pertenece’, el amante búlgaro de Garth Greenwell

Por Eduardo Nabal

Llena de matices autobiográficos y mezclando el choque entre dos culturas y varias formas de ver el mundo, la primera gran novela, y la puesta de largo como escritor, del también poeta Garth Greenwell ,encuentra su origen en una breve novela titulada Mirko, donde hace por primera vez referencia a ese personaje que va a ser su crucial amante y oponente en Lo que te pertenece, novela ganadora de varios premios y traducida a varios idiomas. Estamos ante la odisea íntima, pero narrada de forma irrefrenable, en la que un- ya no tan joven- profesor de literatura que tiene sexo a cambio de dinero con un hombre búlgaro, cuya mezcla de frescura, calidez y desparpajo lo acaban encandilando de una forma extraña pero permanente. 

Nos encontramos ante un libro que mezcla el presente en el que el protagonista se encuentra y se separa de su nuevo compañero, nacido en los suburbios de Sofía, al tiempo que echa una vista atrás a cómo su propia familia, perteneciente a ese lejano Kentucky, se fue desgajando como consecuencia de la rivalidad entre sus hermanas, la separación de sus padres, la negativa de su progenitor a aceptar su sexualidad y su pasión enconada por las letras como refugio frente a un mundo varonil y competitivo, del que sus propios padres, en cierto sentido, lo expulsaron. Así que él mismo se retiró. 

Convertido en un brillante profesor de inglés en la universidad más prestigiosa de Sofia, mantiene encuentros esporádicos con hombres en diferentes lugares de ligue y encuentro, aunque los tres amores que permanecen en su vida pasada y presente son ese adolescente llamado simplemente K., del que fue separado por las familias de ambos muchachos, un actual compañero de trabajo al que llama R, y, sobre todo, ese a la vez felino, ingenuo y, en ocasiones, trapacero Mirko, que entra y sale de su vida de forma inesperada. 

Brotan los recuerdos de la infancia y adolescencia cuando recibe la noticia de la muerte de su padre, mientras intenta dar una clase a esos alumnos que no quieren permanecer en un país que para ellos no ofrece grandes expectativas de futuro. La confusión idiomática, debido a su uso algo precario del búlgaro, es una de las muchas barreras -mentales y sociales- que lo separan de ese Mirko, desinhibido, alcoholizado y errante por empleos precarios que acude inesperadamente a comunicarle que ha contraído sífilis. El protagonista deberá vagar por las destartaladas instituciones sanitarias de Bulgaria y solo creerá a medias las historias de Mirko, que al final de la novela le anuncia su muerte inminente. 

Con un ritmo ágil, y una intensa inmersión en las reflexiones y trayectos del protagonista, el autor nos acerca también a ese momento en el que, acompañado de su madre, vuelve a esa Bulgaria que tantos episodios buenos y desdichados le ha reservado. Y es entonces cuando reflexiona sobre el destino de los muchachos que como Mirko han carecido de oportunidades vitales, sumiéndose en la precariedad laboral, el alcoholismo o la prostitución sin dejar de lado cierta pose de héroes de telenovela. 

Con una prosa elegante y sensual, el autor nos lleva, con gran soltura y capacidad de inmersión en los pequeños detalles que definen a sus criaturas, al corazón de mundos interiores y exteriores que entrechocan, desde la otredad y el despojamiento. Dotado de un final abierto, pero para nada acomodaticio, Greenwell entreteje uno de los libros recientes más cautivadores sobre la clandestinidad y la mentira como imposiciones, la honestidad y el altruismo como elecciones, y ese amor que permanece desde la distancia.

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