Poesía posgénero

Por Marina Torti

Cuentos

Cuéntame un cuento, me decías
mientras hacíamos la típica pausa
para reponer fuerzas.

Cuéntame un cuento, me decías.

Y yo inventaba historias andróginas
sin género protagonista para que todes
apareciéramos al unísono. 

Hormigas enamoradas
de Cigarras aprovechadas.

Conejas estimuladas
por lentas tortugas sabias.

Ricitos de Oro y su pragmático
poli amor. 

El Bello Durmiente despertando
en brazos de su amado sirviente.

El Patito Feo transitando
a la Bella Cisne que siempre fue.

Esa Sirenita sin miedo a desear
sus largas piernas kilométricas.

Narrativa con final feliz,
como tú y yo cuando estamos en la cama.

Musa

Escribo,
desdibujo la realidad
la transformo, la convierto
igual que tu recuerdo.
A él lo tomo
volviéndose materia
entre mis manos.
Lo desdoblo, lo estiro
aunque no puedo romperlo.

Escribo,
creo mi mundo perfecto
con guerras, sangre,
desencuentros.
Nadie ha dicho que lo perfecto
tenga que ser bonito.
Eso querida mía
se lo dejamos a los cuentos.
Yo prefiero la destrucción.

Escribo,
a veces sobre un momento
sobre nuestro encuentro
a veces simplemente me alejo.
Pero los buenos,
los que sangran
esos que me hacen daño
mientras los voy creando.

Esos son solo tú.

Egoísta

Jugando sola en el recreo con una pelota,
una y otra vez golpes sobre una pared blanca.
No recuerdo bien lo que paso,
solo sé que empezó a llover.
La pelota se desvaneció,
se volatizó entre mis manos. 

Una monja vino hacia mí
me riño, me pego mientras

me pedía explicaciones por perder
algo que no era mío, algo que pertenecía al señor.
Yo no era nadie, no merecía su perdón,
limpie la sangre sobre mi babi y me marche. 

Quién quiere ser amiga de alguien
que no presta una mísera pelota.

Mis huellas

Mientras vuelo el viento me absorbe,
mis mascaras se desvanecen, ya no tienen lugar.
Siempre más rápido, siempre retorciendo un poco más,
deambulando por mis incoherencias
consciente de todo lo que significa ser yo.
Eso lo hace más dulce aún,
más adrenalina para mis pulmones,
más énfasis para mis perversiones.
Rozo el agua con mis manos,
penetro en ella a una velocidad abismal.
Rompo todos los sonidos existentes al unísono,
desdoblo cualquier pensamiento a mi antojo,
lo amparo para después repudiarlo sin piedad.
Todo mi poder se despliega a través de mis huellas,
ellas son impulsadas por todo ese dolor
transformado en palabras insolentes.
Soy libre mientras vuelo,
todo está permitido cuando escribo.

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