Testigo directo: Adiós a La Casería, refugio de vidas subalternas

Fotografía y vídeo: Marko Arias.

Por Marko Arias

Ruido y lágrimas. Las maquinarias políticas y el capitalismo no tienen valores, corazón, humanidad ni magia en los ojos y así nos borran de lugares a los que jamás podremos volver y encontrar la misma magia o el mismo encanto de lo hecho a mano, a golpes de marea. Así barren a parte del pueblo que no interesa a este destructivo presente sin memoria…

El pasado lunes lloramos como niñxs muchxs allí presentes, no solo de tristeza, no, también de impotencia, también de rabia, viendo a personas mayores y jóvenes perdiendo para siempre un lugar muy singular en sus vidas. 

Cuando las leyes, para lo legal y lo ilegal, no se aplican a todxs por igual, sino siempre a lxs mismxs, jamás se pueden llamar justas!! Sin vergüenza y sin miedo se llevan por delante años de un espacio mágico de pescadores artesanos y cantinas al mar. Levantando sus bloques de pisos que podemos ver desde toda la bahía, su club náutico, rompiendo puestas de sol y músicos, de la playita de La Casería donde al final, tras más de veinte años apuntando con su objetivo, ayer dispararon sin piedad sus máquinas. justificando lo injustificable. 

¿Regeneración de la zona bajo un falso ecologismo? Ecológico un carril de cemento y siete torres de cemento en plena línea de mar? ¿Sí? ¿En serio? Falso amor al planeta quién no tiene amor a lo que no rompe con un entorno. 

Sus barcas llenas de flores, sus casas, que tenían todos los colores que tiene la gente que conoce la tierra, el mar y los colores del cielo, sus barandillas hechas a mano, sus cuerdas, cajas de pescado recogido con redes hechas a mano y medidas para no hacer un barrido invasivo de peces al mar, casas llenas de remos, sus colchones donde descansar, fuegos a la noche donde calentarse y celebrar sus vidas a las orilla de una bahía que les ha regalado vida y la han compartido en nuestros platos, los que hemos comido, bailado y disfrutado, allí , con ellxs…

Todo lo sagrado que en este rincón de La Isla, en armonía con el mar, convivían hasta ayer… Y que a muchxs ayer nos partió el alma, tanto acto desalmado.

Las máquinas excavadoras acaban con La Casería. Para proteger el dominio marítimo terrestre de la costa andaluza, se derriban decenas de vidas construidas al margen de la sociedad capitalista y así levantar en este paraje tan singular un complejo residencial y un puerto deportivo.

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