‘Confesiones del estafador Félix Krull’: Thomas Mann y la maleabilidad de los géneros

Thomas Mann

Por Eduardo Nabal

Si el todavía mal comprendido doctor Freud, en uno de sus escasos gestos de humildad, reconoció que los poetas y los narradores habían descubierto el inconsciente antes que él, las impulsoras de la ‘teoría queer’ nunca se han dejado de interesar por el legado literario o teórico del que surgen sus afirmaciones. Butler, Sedgwick, Hallbestram han considerado la herencia de Willa Cather, Henry James o Carson McCullers como elementos enriquecedores de cuyo análisis surgen sus conclusiones sobre la maleabilidad de género o los llamados ‘géneros’.

Una de las obras del imprevisible Thomas Mann, las Confesiones del estafador Félix Krull, la última novela del autor de Muerte en Venecia y La montaña mágica, es un libro de memorias de un anciano que recuerda sus turbulentos años de juventud, cuando además de robar joyas y otros enseres en los hoteles de la alta sociedad se da cuenta de que es objeto de deseo de “ambos sexos” y de que “ambos sexos” pueden ser a su vez objeto de un efecto de atracción sobre ese mozo de equipajes, definido por una de sus amantes como “Hermes, príncipe de los ladrones”.

Félix Krull sorprende por la modernidad con la que Mann aborda los encuentros amorosos y, también, la maleabilidad de los géneros, que no depende tanto de un destino anatómico como de una peripecia vital que, escogida o no, hace que esos “seres fuera de la norma” se acerquen a su mundo, lejos de las “normas morales” de su tiempo. El protagonista también encuentra desahogo  y empatía en sus encuentros con prostitutas, con las que no quiere más que, en su calidad de ‘outsider’, conversar, suscitando la desconfianza de los chulos”, “los policías” y “los clientes”.

Aunque es bien sabido que el premio Nobel alemán fue conminado por sus impulsivos y comprometidos hijos Klaus y Erika a la hora de posicionarse contra el nazismo y que estos traspasaron fronteras vitales mucho más arriesgadas y comprometidas contra el avance del fascismo, hemos de reconocer que en Confesiones de estafador Félix Krull se encuentra un subtexto homoerótico que acaba, a través de sugerentes reflexiones filosóficas, saliendo a la luz, en un juego de espejos donde los géneros y los sexos establecidos en su momento son defendidos por instancias de poder, pero no pueden evitar dejar al descubierto su maleabilidad, situando al protagonista en un terreno de imprecisión en el que es capaz de moverse con soltura, ironía, ingenio, burla y hasta pasión.

Escrita con agilidad, a pesar de algunas reflexiones  algo traídas por los pelos, Confesiones del estafador Félix Krull hoy puede y debe ser visto como más que una comedia negra o de salón, una satira social, un relato de aventuras o unas confesiones impúdicas, también puede verse en los orígenes del cuestionamiento del carácter unitario, cuando no enfrentado, de los géneros sexuados.

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