‘Roja catedral’: el ‘tiempo espiral’ de Gloria Fortún

Por Juan Argelina

Dice Gloria ´Cielo Lengua de Plata´ Fortún que la escritura brota como la crema de una manga pastelera cuando decimos la verdad. Y es así como las palabras más sinceras van surgiendo tras la lectura de su Roja catedral, que no es otra cosa que su propio corazón, donde hay sitio para muchas cosas, para mucha gente. Naves, coro, presbiterio, capillas, altar… Todo cabe en esta magnífica declaración de amor, en la que la poesía es la gran protagonista, porque solo el lenguaje poético podía imponerse al terror de la guerra y a la dureza de un presente insoportable, que obliga a evocar imágenes de una libertad soñada en la nostalgia cinematográfica del far west

El escritor marroquí Abdelá Taia exorcizaba la desgracia con el recuerdo de Marilyn Monroe en Río sin retorno, y su imagen cobraba vida en él, divina, lista para acompañarle a un mundo alternativo y salvaje a la vez que tierno, como el Mundo Deseo en el que nos sumerge Gloria, cuyas aguerridas vaqueras celebran el apagón universal, tras una guerra a la que, al contrario de lo que se podría suponer, no ha seguido una terrible distopía, sino un espacio construido a través de los sueños, donde que se cree en la belleza de los cuerpos disidentes, y regido por la Ley del Deseo. Su geografía se extiende entre un Madrid en reconstrucción, donde se cabalgaba por la Puerta del Sol y se podían adivinar los adoquines bajo la tierra que levantaban los caballos, y la Sierra, el territorio «salvaje», refugio de libertad y de aprendizaje. 

Es curioso que comenzara a leer este libro justo en uno de los miradores que se abren a la ciudad desde el sur. Acababa de comprarlo y de camino a casa me senté en un banco del parque. Ante mí tenía la imagen de un Madrid sin límites precisos, extendido a lo largo de una superficie plana sobre la que se atisbaban, lejanas, las Torres KIO. ¡El mundo de antes! En el libro leía: Detuvimos nuestros caballos, nos pusimos la mano a modo de visera y observamos los destellos de las Torres KIO, que volvían a tener cristales. Y yo me imaginaba en la misma situación ante tal horizonte con la Sierra al fondo intentando despertar mi instinto Poético, del que mi vida debía depender, ya que su acto creativo es el único que otorga palabras al silencio y, al salir directamente del corazón, logra sustituir hacer por ser

Este ejercicio de verdad creativa es una enorme declaración de amor tan física que te recorre la piel como una descarga eléctrica, a la vez que una larga prueba de autorreconocimiento emocional, que me hizo evocar los intensos versos de Louis Aragon en el Poema del tiempo que no pasa, aunque aquí la tragedia da paso a la melancolía, aún esperanzada en una juventud cuyo sentido del pasado toma la forma de sensaciones extremas que se vuelcan al futuro. 

Toda la obra es un gran poema en el que las palabras toman la forma de colores sin contornos definidos que se transmutan líquidamente sobre el papel, como en las aguadas de una acuarela. A veces crean figuras de cuerpos entrelazados, pero rápidamente se deshacen y vuelven a componer otras nuevas repletas de un apetito sexual que nunca se satisface del todo, porque todo sucede en un tiempo espiral, en femenino, siempre recurrente e infinito, opuesto al lineal de los hombres, cuya ambición es autodestructiva. En esta nueva realidad de pensamientos selváticos y abrazos pirotécnicos hay un regreso a las raíces dionisiacas de los antiguos rituales de las bacantes, en los que la naturaleza salvaje se elevaba sobre la razón para dejar que el cuerpo se expresase con la mayor libertad posible, sin tabúes, sin represiones. Gloria lo dice claramente: Silenciar nuestro cuerpo es silenciar nuestro instinto. La voz de la vergüenza ensordece la del cuerpo. Sin que el cuerpo nos hable no podremos trazar un camino de escritura … /…  Lo que me hace ser la escritora que soy es precisamente aquello de lo que siempre me he sentido avergonzada: mi deseo mi forma de amar mi cuerpo mis borbotones verbales mi incapacidad de rendirme al quebranto yo esta soy yo. Tomad y bebed todas de ella. Tomad y comed todas de ella. 

Y realmente ha conseguido levantar la tapa del bote en el que, como niña malvada, tenía una libélula cautiva, y llegar al orgasmo. Como Alicia al cruzar el espejo y acceder a las contradicciones del conocimiento sin ser reconocida como lo que sería más tarde, Gloria ´Cielo Lengua de Plata´ Fortún, inmersa en un universo peligroso de palabras «forajidas», nos ha transportado a su mundo de deseo perpetuo, y nos ha dejado en él.

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