Leo López: «El género es autopercepción. Pueden existir tantos como personas hay»

Leo López a las puertas del AMPA del CEIP Celestino Mutis, de Cádiz.

De José García

Leo López (Chiclana, 1988) es presidente de la asociación Transpositive y coorganizador, junto a Mario Torti y Xiomara Sáez, del ciclo cinematográfico sobre 'Masculinidades Trans' que se celebra este mes en la Biblioteca Social El Adoquín y la sede del AMPA del Colegio Celestino Mutis, ambas en la ciudad de Cádiz. Esta pequeña muestra consta de tres proyecciones:la cinta alemana Romeos (2011), de Sabine Bernardi; la francesa Tomboy (2011), de Céline Sciamma; y el documental estadounidense Mi tabla de salvación: la historia de Leo Baker (2022), de Nicola Marsh y Giovanni Reda. 

JOSÉ GARCÍA: Últimamente se percibe cierto auge de las producciones audiovisuales que tienen como protagonistas a personajes transgénero. Se me ocurre, por ejemplo, la aclamada serie televisiva Pose. Sin embargo, en ellas las protagonistas casi siempre son mujeres trans. ¿A qué se debe esta invisibilidad de los hombres trans en las expresiones culturales?

LEO LÓPEZ: A que tenemos la posibilidad de poder no ser visibles. El hecho simple de que una persona trans, en este caso, un chico trans, se pueda invisibilizar es muy tentadora, porque la sociedad, al final, te ancla a unos estereotipos, a una forma de vivir… Y, por supervivencia, básicamente, te escondes. Hay muchos chicos que se han invisibilizado, nos pasa incluso ahora con la asociación de Hombres Transexuales, de la que también soy socio. Estamos reivindicando en estos momentos con la Ley Trans que se incluya a los menores, a personas no binarias, a las personas migrantes -que son los aspectos incompletos de esta ley- y hay muchos chicos que no se están visibilizando a través de las redes para apoyar la iniciativa, esta reivindicación que hacemos.

J.G.: Te me adelantas a algunas de las preguntas que te tenía en batería: ¿Es más fácil pasar desapercibido que mostrarse como hombre trans? ¿Cómo se vive la salida del armario desde la transmasculinidad?

L.L.: La salida del armario en las personas transmasculina es justamente la estricta y necesaria. Es decir, tú se lo comunicas al entorno que sí o sí lo tiene que saber, que es tu familia, tus amigos cercanos, gente que ya te ha conocido previamente y que tiene que seguir conociéndote. Las personas trans siempre estamos forzadas a salir del armario, no es como una persona que pueda tener una orientación sexual determinada, como es gay o lesbiana, y puede decir: lo cuento o no lo cuento, y su familia no se va a enterar. Si quiere ocultarlo, lo puede ocultar. Se puede normalizar más fácilmente. Las personas trans de por sí ya estamos obligadas a visibilizarnos, pero en un círculo cercano, que es el obligatorio. Sin embargo, realmente, de cara a la sociedad, la mayoría no quiere, porque hay miedo a esa sociedad, hay una discriminación, una transfobia., porque los puestos de trabajo para las personas trans son muy reducidos. Estamos hablando de un 80 por ciento de desempleo.

J.G.: Rebobinando y volviendo al ciclo cinematográfico, de las cintas elegidas, dos son películas de ficción, ambas de 2011, y la última una película documental, de 2022 ¿Puedes explicarnos los motivos de vuestra elección?

L.L.: Bueno, la elección de las películas han sido más cosa de Xiomara Sáez y Mario Torti. Yo no he podido participar mucho en eso por cuestiones personales. Pero sí es cierto que se ha hecho esta elección porque son las cintas que con más sensibilidad tratan el tema. Por ejemplo, la primera proyección que ya hemos realizado, con la película Romeos, ha sido increíble. Yo me he sentido identificado en muchos momentos y los pelos se me han puesto de gallina, porque muchas cosas las he vivido igual: ese miedo a mostrarte en público porque a lo mejor todavía no tengas realizada la mastectomía, ese afán de ocultar los pechos… Hay una escena en que el protagonista se está tapando y le preguntan otros: ¿Qué pasa, que tienes frío?, y dice, no, pero dame la chaqueta, como diciendo: Necesito ocultar mis pechos.

Imagínate que, como humanos, fuéramos observados por extraterrestres totalmente deconstruidos

J.G.: Vamos en zig-zag. Volvamos a hablar de la inminente Ley Trans y los encendidos debates que suscita. Desde la teoría queer se ha estado defendiendo durante mucho tiempo un Derecho más basado en la biografía que en la biología. ¿Tú qué piensas de todo esto?

L.L.: Yo lo veo como un ejemplo de ficción: imagínate que nosotros, como humanos, somos observados por extraterrestres que vienen de otro planeta y están totalmente deconstruidos. Esos extraterrestres nos preguntarán: pero, por qué, a esos humanos que tienen un colgajo entre las piernas, les llamáis hombres y a otras personas que tienen otras características, como las mamas en el cuerpo, las llamáis mujeres. Cómo los hombres oprimen a las mujeres. Cómo los hombres tienen un código de conducta y las mujeres otro. Cómo le habéis puesto esa etiqueta. Porque, al final, el concepto «hombre» y el concepto «mujer» es como el concepto «silla» o el concepto «mesa». Son etiquetas que hemos creado los seres humanos. Y además, nos hemos querido encasillar en categorías estándares y fijas, que no existen. Si tú te vas a la propia biología, que todo el mundo alega que es estanca, tenemos una biología de hombre o de mujer, con testículos, penes, mamas, vagina o vulva; pero no es así. El ejemplo más evidente lo tenemos en el pez payaso que sale en la película de Nemo, que se cambia de sexo si de repente lo requiere por biología, por la supervivencia de la especie. Si de repente hay veinte hembras y ese pez es el primario, el más viejo, puede de repente cambiar de sexo para fecundar a las hembras que están alrededor. Por otro lado, en la especie humana hay diecinueve tipos de intersexualidad. Pensamos que los seres humanos nacemos con una forma determinadas y una genitalidad determinada y no es verdad. Hay todo un espectro completo de la diversidad sexual, del sexo en sí. Pero es que el género es la percepción que el ser humano tiene de sí mismo, su autoconcepto. Entonces, por eso pueden existir tantos géneros como personas hay.

J.G.: Algunos hombres trans se han quejado de que la ley en trámite está demasiado centrada en la experiencia de las mujeres trans. Sería el caso de la nueva política penitenciaria. ¿Tú compartes esa percepción? ¿Hay en el texto legislativo una cierta invisibilización de la experiencia de los hombres trans?

L.L.: El hecho de que los hombres trans podamos invisibilizarnos más es un beneficio o privilegio pero también un arma de doble filo. Si yo me viera en la situación personal de entrar en una cárcel rodeado de hombres, por supervivencia, no me quedaría otra que estar igual de musculado que esos hombres, porque si no, obviamente, sufriría agresiones a tutiplén. Por otro lado, mi pareja, que es jurista, me ha explicado muy bien lo de los módulos de respeto. Existe un código por el cual, si tú sufres una agresión por la razón que sea (pasa con los pederastas, aunque obviamente no pretendo comparar), existe la posibilidad de los módulos de respeto, de manera que se te pueda aislar o intervenir de alguna manera. A nivel judicial, existen mecanismos para evitar este tipo de agresiones, y se interviene. El sistema, obviamente, tiene que mejorar. Lo que quiero decir es que existen esos mecanismos dentro de política penitenciaria para resolver estas cuestiones. Si no, sería como cuando se genera alarma porque una mujer trans entra en una cárcel de mujeres, donde, históricamente hablando, no ha habido violaciones perpetradas por mujeres trans. Si se diera el caso, lo que habría que revisar sería la violencia intragénero: una asignatura que no hemos contemplado y que puede suceder. Porque, ¿puede haber violencia entre dos personas de misma orientación sexual?: Evidentemente, sí. Cualquier persona puede tener arranques de violencia aunque en algún momento nos parezca que es un ángel.

Si no hubiera sido por Carmen Calvo y las TERF, y la división que hay dentro del PSOE, ya habría habido Ley Trans

J.G.: ¿Y qué ocurre con las personas no binarias? Porque finalmente parece que se van a quedar fuera de la Ley Trans.

L.L.: Se está pendiente de que el PSOE presente las enmiendas para rectificar esta situación. Pero creo que no van a aprobarlo, porque no les interesa. PP y Vox han presentado enmiendas a la totalidad porque querían revocar la ley y, obviamente, no se les ha dejado. Por su parte, el PSOE creo que sí debería proponer enmiendas para mejorar la ley, pero no creo que vaya a proponer ninguna mejora para que se amplíe el texto a migrantes, a menores y a personas no binarias. Ahora mismo no está contemplado.

J.G.: ¿Ni por parte de ningún otro grupo parlamentario?

No. Y además están con la cosa de que viene la ultraderecha, viene la ultraderecha, vamos a aprobar ya esta ley, que por lo menos si existe esta ley ya la podremos mejorar. Así que estamos con las prisas, pero las orejas al lobo ya se veían desde hace un año. Si no hubiera sido por Carmen Calvo y las TERF, y la división que hay dentro del PSOE, ya habría habido Ley Trans. La manifestación que hay prevista para el 22 de octubre es precisamente porque el PSOE ha rechazado de nuevo el sentarse para aprobarla.

J.G.: Entonces, finalmente, ¿cuánto de optimista te sientes con respecto a los derechos trans en nuestro país? Del 1 al 10.

L.L.: Entre un 6 y un 7.

J.G.: Eso es casi «notablemente» optimista.

L.L.: Vamos a llegar. Pero la pregunta no es si vamos a llegar o no vamos a llegar, porque yo estoy notando un cambio dentro de las empresas. Y sé que aunque la legislación tarde y la sociedad tarde en entender y comparar ideas, sí que noto que a nivel de políticas de diversidad, aunque sea por el interés capitalista de las empresas de generar más productividad, se está demostrando que los equipos diversos son más productivos, un 33 por ciento si, por ejemplo, son equipos de diversidad racial, pero, incluso en los equipos de diversidad de identidad de género, también se amplía más de un 13 o un 15 por ciento la productividad. Esos son informes que se han hecho y ya las empresas han empezado a poner el oído y a decir: tenemos que incluir diversidad en nuestras empresas. En resumen, a nivel empresas soy optimista, a nivel político soy precavido y a nivel social me desespero.

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