Don Juan y su incierta virilidad en el ‘género traumatizante’ de Les Trompants

La escena clave de ‘Don Juan Teodio’

Por José García

Es posible que uno de los nuestros grandes mitos nacionales haya sido dilapidado para siempre por la vorágine de calabazas de Halloween, de trucos y tratos y disfraces de estilo gótico que, por puro colonialismo cultural, ha invadido nuestra Noche de Difuntos. Sin embargo, en algunos espacios de nuestra geografía, como el Espacio Literario Quiñones, en Cádiz, de la mano de Les Trompants, todavía resisten algunas actualizaciones del mito, cuya génesis se disputan ahora Tirso De Molina y Andrés de Claramonte allá por el siglo XVII. El segundo bastante desconocido pero al que los últimos estudios literarios atribuyen la autoría de diversas obras de la ‘comedia nueva’ que previamente habían sido asignadas a Tirso o Lope de Vega. Aunque el Don Juan que me interesa ahora es más el Tenorio de Zorrilla que El burlador de Sevilla, no solo porque aquel es el clásico que ha ocupado mis Noches de Difuntos desde que era un niño. Sino también porque es este el que sirvió al médico endocrino y escritor primisecular Gregorio Marañón para elaborar su estrambótica lectura ‘clínica’ acerca de la vacilante virilidad de nuestro mito patrio más exportado.

Marañón, que publicó dos ensayos de enorme difusión a lo largo de toda el siglo XX sobre nuestro desdichado mito: Notas para la biología de Don Juan, publicado por la Revista de Occidente en 1924 y, sobre todo, Don JuanEnsayos sobre el origen de su leyenda, publicado por Espasa-Calpe en 1940, terminó así de rematar su tesis acerca del donjuanismo apoyado en los hallazgos de la investigación histórica de Alonso Cortés, quien aseguraba que el burlador estaba inspirado en la figura real del Conde de Villamedina, el cual, según pudo descubrir tras escarbar en los archivos secretos de Simancas, lejos de ser el desaforado conquistador de mujeres retratado por la leyenda, era el jefe de una ‘banda de homosexuales’ integrada por gran número de personas conocidas de Madrid, desde altos señores hasta sus criados y bufones. Los más humildes fueron ejecutados y a los demás se les permitió huir a Italia y a Francia, aunque el castigo no alcanzó al conde, que acababa de ser asesinado, por lo que el rey dispuso que se guardase secreto de lo que había contra él para no difamar su memoria.

Alfonso Galindo.

Algo de esa desarmónica naturaleza, que se explicita en la falsa virilidad o virilidad cuantitativa, parece reflejarse en la escena final del Don Juan Teodio de Les Trompants, un grupo especializado en ‘lecturas traumatizadas’, lo que equivale a un auténtico ‘revival’, de grandes clásicos de la literatura, y que hoy, coincidiendo con el décimo aniversario de su invención por parte de Alfonso Galindo, miembro del grupo, ha vuelto a tomar forma en el Espacio Quiñones.

La ‘lectura traumatizada’ de la obra que nos ofrece Les Trompants se caracteriza por el uso disparatado del calambur, la paronomasia, el hipérbaton llevado al paroxismo, las correcciones constantes del apuntador (el propio Galindo) y el desmoronamiento de la ‘cuarta pared’ que permite a una ‘espontánea’ del público interrumpir el relato traumatizante, hasta el punto de ocasionar el enfado de alguna otra espectadora o de crear una ilusión al conjunto en la que ya no se sabe quiénes son los personajes de ficción y quién es la audiencia real.

Lo cierto es que Don Juan, ya sea como drama romántico en el caso del Tenorio, o como pieza de ‘teatro traumatizante’ en el caso del Teodio, parece resistirse a ser sepultado por las modas o el simple paso del tiempo. Y hoy ha logrado arrancar en Cádiz la carcajada de un público expectante ante su espectral reaparición.

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