‘De repente el último verano’, el Tennessee Williams que el franquismo nos censuró

Por Eduardo Nabal

Joseph L. Mankiewicz se sumergió con todos los riesgos en el universo poético, enfermizo y humanista del dramaturgo Tennessee Williams con su peculiar adaptación de la pieza, obra corta, De repente el último verano (1959), en torno a la cual erigió un melodrama que -a pesar de las concesiones de la época- estalló a los ojos del público estadounidense, obteniendo un gran éxito de taquilla. El guion del filme fue obra del propio Williams y Gore Vidal.

En el trasfondo de este drama familiar con apuntes sobre la precariedad de la salud mental en el momento se incluyen temas-entonces semitabúes- como la homosexualidad, el incesto, los secretos mal guardados y los intereses económicos mas espurios por parte de esa viuda delirante a la que da vida Katherine Hepburn, en uno de los papeles más difíciles de su carrera. Williams volcó aspectos autobiográficos al hablar de la ‘lobotomía’, ya que su hermana Rose fue sometida a una ‘operación’ de ese tipo contra su voluntad.

El rodaje fue aparatoso y casi nadie se llevó bien con nadie, excepto Elizabeth Taylor, fiel amiga de Montgomery Clift, y algunos elementos estilísticos de primera, como la fotografía de Jack Hyldiard, que puso un blanco y negro a la vez sórdido y elegante a la historia que se va desgranando ante nuestros ojos.

La dramaturgia de Williams dio como resultado grandes películas en Hollywood como Un tranvía llamado deseo, Dulce pájaro de juventud o La noche de la iguana. La mente atormentada de Williams desató todos sus demonios ante un público ávido de nuevos temas, sensaciones y desafíos a la censura vigente en la época. Por estos lares la película dirigida por Mankievicz no fue estrenada.

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