‘Malabares mentales’ y otras contorsiones poéticas

 

Torti

 

Por Marina Torti

¿Qué te hubiera gustado?

 

No lo sé,
seguramente un entierro tipo Diana.
Todos llorando,
con un famoso cantante
con gafas estrambóticas
y un amante perfecto sufriendo.
Todos lloramos,
no sé qué te hubiera gustado.
Solo sé que eras un ser hermoso
digno de conocer,
con buenas virtudes, mejores defectos.
Dijeron… debería haber viajado
pero creo que eso se dice
de todo el que se va.
Tu vida fue plena,
elegiste qué y cómo
sabiendo las consecuencias.

Así que solo puedo decir,
te echaré de menos.
Conversaciones a media noche,
tu voz serena replicándome,
tu mirada blanca siempre comprensiva.
Esa forma tan peculiar de hacerte
el interesante mientras fumabas.
Ese atisbo de tristeza que siempre te rodeaba,
haciéndote tan sumamente atractivo
para cualquier ser vivo.
Así que solo puedo decir,
te echaré de menos.
Echaré de menos esa forma de ser solo tú
que a todos nos embriagaba.
Esa seguridad que teníamos
cuando nuestras miradas se cruzaban.

(Mario)

 

Conversaciones transversales

 

Poder leer lo que siento por ti,
liberación en tinta negra.

Movimientos escondidos,
que mi mente percibe.

Transmitiendo toda necesidad
de poder enseñar mis versos.

Que mires lo que siento
en primera persona.

Deberías disfrutar la forma
en que te veo.

Como deseo cada uno
de tus defectos.

Anhelar cuando rozas
ese pelo con líneas blancas.

Cuando nuestros ojos se cruzan
teniendo conversaciones transversales.

Poder leerlo es la única manera
de sopesar cuánto te quiero.

 

Te pienso

 

Estoy asqueada,
hay algo amargo en mi boca.
Va a ese punto del cerebro
donde sabes que no habrá orgasmo.

Desenvuelve sus tentáculos
para llegar a mi olfato.
Así se convertirá en recuerdo
permanecerá por siempre.

Escucharé uno tras otros
todos tus sonidos pero será sin sentido.
Dejé de percibir tu sintonía hace tiempo
haciendo agridulce mi tacto.

 

 

Malabares mentales

 

El juego se basa en tres pelotas,
deben ser iguales, todo consiste en equilibrio.

La sentimental es imprevisible,
siempre está expuesta
a tener alguna grieta.
La laboral es otro cantar,
aun sabiendo su astucia
depende de la gravedad empresarial.
La tercera es compleja,
le pones cinta, la refuerzas,
un mal roce y se caerá.

Y así empiezas…
Tiras una, la coges,
segura decides enlazar otra,
se complica de forma llevadera.
Preparada te atreves a complementar,
introduces a tu yo pensando
que seguirá la armonía.
Ni siquiera te das cuenta del desequilibrio,
hasta que vuelves a comenzar.

 

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